Martes, 23 de Octubre de 2018
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Los maestros deben ayudar a detectar si los niños pasan hambre en escuelas

La escuela es la caja de resonancia de la extrema pobreza. El Gobierno quiere erradicar el flagelo antes de finalizar su período en el 2018 y está instruyendo hasta a los maestros para descubrir en clase a los niños que pasan hambre o sufren desnutrición, revela en esta entrevista Juan Carlos Baruja Fernández, ministro de la Lucha contra la Pobreza. Asegura que los conflictos sociales se han ido reduciendo.

–Pocos saben que existe un ministro de Lucha contra la Pobreza.

–Soy ministro asesor de Lucha contra la Pobreza. Mi trabajo es monitorear y trabajar con las instituciones para alcanzar el objetivo que tenemos de erradicar la pobreza extrema en este período de gobierno.

–¿Su especialidad?

–Soy ingeniero civil. Fui intendente de Paraguarí dos períodos. Renuncié a la Municipalidad en 2013 para venir a trabajar en este tema y con este objetivo tan ambicioso que tenemos.

–¿Cuáles son los resultados?

–El programa Tekoporã cumplió 10 años. Comenzó con el gobierno de Nicanor (Duarte Frutos). Es prácticamente una política de Estado. Hasta el 2013 alcanzó a 80.000 beneficiarios. Hoy está en 112.000 y para fin de año va a llegar a 130.000 familias. Hay una proyección de 10.000 más para el 2016. Llegaríamos a 140.000. El programa está en casi todos los distritos. Abarca el 70% de los 250 distritos del país. El programa de adultos mayores está destinado a los mayores de 65 años. De 77.000 beneficiarios en 2013, hoy llegamos a 146.000.

–¿Cuánto dinero reciben?

–Los beneficiarios de Tekoporã reciben entre 250.000 y 300.000 mensuales; los adultos mayores 450.000, por ley el 25% del salario mínimo. Puede recibir la pareja también, el hombre y la mujer. Serían entonces 900.000.

–¿Cuál es la finalidad en los adultos mayores?

–Los adultos mayores son tratados prácticamente como un estorbo en muchas familias, maltratados. Con este beneficio prácticamente recuperan su dignidad. El programa impactó. Hay casos en que ellos mantienen a sus descendientes. Se vuelven tremendamente importantes.

–¿Cuánto tiempo van a recibir el aporte?

–Mientras sigan con vida. A fin de año, la cantidad de beneficiarios va a llegar a 170.000; a diciembre de 2016 a 180.000. Esa es la meta.

–¿Cuáles son los requisitos?

–Que tengan 65 años y que se demuestre en un censo –que tenemos tercerizado– que están en situación de pobreza. Hay una ficha social que revisa su condición de hogar. Si cumple los requisitos ya es beneficiario.

–¿Dónde se inscribe?

–En su municipio. Hacienda envía a su equipo de censistas a la casa. Si cumple los requisitos entra al programa. Recibe su tarjeta magnética y puede retirar su asignación mensual.

–En el caso de Tekoporã, ¿cuáles son los pasos?

–Es una transferencia condicionada. Son 72 cuotas en seis años. Los jefes de hogar se comprometen a llevar a sus hijos a la escuela, tienen que vacunarles, la madre tiene que tener registros de su atención médica si está embarazada. Hay otros beneficios adicionales. El impacto es grande. Aumentó la matriculación, la escolaridad, los niveles de control médico en los hospitales. Bajó la tasa de muerte materno-infantil.

–Los críticos dicen que fomenta la haraganería.

–Es cierto. Puede generar dependencia. Es una tendencia casi natural del ser humano, buscar lo más fácil. En general encontramos que fue beneficioso, sobre todo cuando lo respaldamos con el programa Tenonderã.

–¿Qué es?

–Se prepara a las personas para que terminados esos seis años tengan un oficio o una actividad productiva; puede ser un gallinero, una vaca, semillas para una huerta de consumo y de renta. Se les provee de herramientas, fertilizantes; puede ser producción de cerdos.

–¿En qué invierte su plata la mayoría?

–En alimento. Antes comían eternamente lo mismo. Eso genera también un impacto económico en los distritos. Aumenta el consumo interno. Hay un mayor vigor económico. El eje de este proyecto es la generación de empleo. En estos dos años se crearon más de 100.000. Se instalaron más de 45 nuevas industrias.

–¿Hay gente que ya pudo salir de la pobreza?

–En el seminario que tuvimos esta semana por los 10 años de Tekoporã hubo algunos testimonios de beneficiarios que ya no reciben dinero del Estado. Un jefe de hogar mostró por ejemplo que se dedica a la venta de huevos con sus gallinas ponedoras. Otra familia hoy tiene una huerta que le genera renta. Hay una cantidad impresionante de microactividades productivas. Hay gente que aprovecha bien la oportunidad que se le da.

–¿Cuántas familias están en pobreza extrema?

–Hay 300.000 familias que cumplen las condiciones para recibir el programa, que es de pobreza y extrema pobreza, unos 1.500.000.

–¿Cómo se identifica?

–Se los identifica exclusivamente por el lado de los ingresos. No pueden adquirir lo mínimo para alimentarse correctamente. Estamos yendo más allá. Estamos instruyendo poco a poco a los maestros para que detecten en su clase si un niño pasa hambre o está desnutrido. Puede aparecer pálido, retraído... En otros países están haciendo lo mismo. La escuela es la caja de resonancia de la extrema pobreza. Estamos aplicando además la ley de alimentación escolar y control sanitario dentro del programa Almuerzo Escolar. La nueva ley establece que los escolares deben consumir alimentos frescos, preferentemente de la agricultura familiar. También se impuso la banana con el vaso de leche, la miel negra, el maní. Se reemplazó el cereal importado. Al mismo tiempo genera mayor mercado a nuestros productores.

–Enseguida le encontraron la vuelta. Dicen que las licitaciones son acaparadas por los influyentes de las comunidades.

–Justamente se está haciendo una modificación de un decreto por el cual se limitan los montos de adjudicación hasta 50 millones de guaraníes. Con eso se abre el abanico. El productor debe estar inscripto en un registro del MAG. En estas cosas, apelamos a la ciudadanía. En materia de leyes, si no hay control ciudadano todo puede ser torcido o manipulado. Hoy todo está en las páginas oficiales. Todos pueden saber cuánto recibe un municipio en dinero de Fonacide o royalties de Itaipú.

– Paraguay está entre los más pobres según las estadísticas. No usa más del 4,5% de su PIB en inversión social.

–Es insuficiente todavía, pero para el año 2016 nuestra prioridad seguirá siendo atacar la pobreza. Se envió al Congreso un presupuesto un poco inferior al año 2015, pero que no sufre reducción todo lo referente a la inversión social.

–¿Y el tema vivienda?

–Hasta el 2014 se construían 1.800 viviendas-año. En el primer semestre de 2015, Senavitat construyó 4.000 y la proyección a diciembre es de 12.000. En el norte se van a entregar 4.500, región históricamente abandonada... En general se percibe una reducción importante de los conflictos sociales porque se trata de encarar con honestidad los problemas que surgen. Se detectan y se interviene. En estos días estuve en Kamba Rembe (San Pedro), ahí donde hubo manifestaciones porque se destruyeron sus cultivos de marihuana. Son unos cinco mil pobladores. Les dijimos que el Gobierno va a seguir destruyendo la planta. Les ofrecimos un paquete de cultivos lícitos con mecanización y comercialización.

–¿Los políticos tienen que estar lejos de esta campaña, como dijo Lula?

–Ese es el gran paradigma que tenemos que derribar: el prebendarismo y el clientelismo contra el político auténtico servidor de la sociedad. Tenemos todavía muchos políticos tradicionales que manejan sus comunidades de manera semifeudal.

–¿Cómo garantizar que estas entregas de dinero no vayan a parar al bolsillo del corrupto de turno?

–La ciudadanía también tiene que hacer su parte. Tiene el acceso a la información pública por internet. Si no confían en sus autoridades más cercanas que vayan a la prensa a denunciar. Estamos en un país libre. Ahí por ejemplo está saltando la lista de pescadores “mau” de la SAS. El contralor ciudadano es esencial para llegar al objetivo que pretendemos.

–¿En cuánto tiempo vamos a ver si esto sirve?

–Al terminar el período de gobierno. La discusión pasa por mejorar la calidad del gasto, eliminar los prescindibles: vehículos, combustibles, viáticos, bonificaciones extraordinarias... Por ejemplo, con el uso del sistema de tarjetas magnéticas saltó el caso de desvío de combustibles en la policía. Se están haciendo ahorros importantes que se reinvierten en el sector social. Por ejemplo, al sacar las bonificaciones de funcionarios, en Salud se pudo contratar más personal de blanco, casi cuatro mil. Se adquirieron 100 ambulancias gracias al ahorro en las binacionales. Se eliminaron los alquileres de vehículos.

–Dicen que era un cupo de unos cuantos políticos.

–Era un gran negociado. El Ministerio de Salud aumentó 70% su parque automotor. En agricultura, en la zona norte, más de 8.000 hectáreas de pequeñas parcelas se mecanizaron. Se les puso asistencia técnica, semillas para productos de renta y de consumo: sésamo, chía, poroto, maní, feijao. A fin de año se va a doblar esa cantidad. Mientras tanto, vamos identificando más casos extremos, 23.000 según nuestras nuevas fichas.

13 DE SETIEMBRE DE 2015.