Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
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La UC nunca va a amparar la compra de notas ni de títulos

Llegó como respuesta al escándalo de compra de notas en la Facultad de Derecho. El padre Narciso Velázquez, doctor en Derecho Canónico y licenciado en Filosofía y Teología, miembro de los tribunales eclesiásticos –con escuela en el mismo Vaticano– anuncia en esta entrevista que toda la estructura de la Universidad Católica será objeto de revisión, siguiendo las directivas del papa Francisco.

–¿Desde cuándo es el rector de la Universidad Católica?

–Desde febrero. Reemplacé al padre Michel Gibaud.

–¿Cuál es su especialidad?

–Soy egresado de la Facultad de Teología en la Universidad Católica. Soy especialista en Derecho Canónico. Obtuve una licenciatura en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Trabajé en los tribunales eclesiásticos. Tengo un diplomado en jurisprudencia canónica y finalmente obtuve el doctorado en Derecho Canónico allí.

–Quiere decir que habla bien italiano.

–Estuve 8 años en Italia en tiempos distintos. También hablo un poco de francés e inglés y un poco de alemán (sonríe). En algún momento pasé también por la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires. En nuestra universidad ya estuve antes en la Pastoral Universitaria. Fui después capellán y por último docente de Ética y Derecho Canónico.

–Profesor de Ética y Derecho, ideal para dirigir la UC después del escándalo de la venta de notas en la Facultad de Derecho.

–Conozco perfectamente lo que pasó. Soy docente de Derecho Canónico allí. En ese momento también era miembro del consejo de facultad.

–¿En qué terminó la investigación?

–Gracias a Dios no ha tenido más consecuencias. El sumario institucional ha terminado. Se descubrió una gran cantidad de adulteraciones. Terminó con la desmatriculación de 42 estudiantes.

–¿Fueron expulsados?

–Sí, expulsados. Ellos ya no pueden hacer su carrera en la UC. No solamente aparecían con notas falsas, sino con notas “mejoradas”. Uno que sacó por ejemplo 2 se hacía poner un 4, o un estudiante ausente aparecía con nota 5. Entonces, por ese motivo, las actas adulteradas son inmensas, pero finalmente son 42 los que quedaron fuera. En esas materias llevan la calificación cero.

–¿Se descubrieron ramificaciones en la institución?

–Se han revisado actas hasta el año 2010. Se han encontrado actas que han sido tocadas a partir del 2012 hasta el 2014. Directamente no se ha encontrado a ningún docente involucrado. Sí, han sido denunciados –todavía sigue el proceso judicial– algunos funcionarios que estuvieron implicados.

–¿Cuál es su misión?

–La primera misión que tengo es acompañar el proceso judicial. Estamos colaborando muy de cerca. La primera imagen que queremos dejar bien clara es que la Universidad Católica no ampara ninguna corrupción. La UC jamás va a amparar compra de notas y de títulos. Tampoco va a hacer la vista gorda a ningún hecho irregular, trascienda o no al público. Esta situación que ocurrió fue denunciada por la propia UC con el deseo de que se entienda que somos una institución comprometida con la verdad y con la sociedad.

–¿La picardía de estos estudiantes no estuvo abonada por un ambiente para delinquir?

–Nosotros entendemos que hay algún punto flojo. La UC tiene 55 años. Este episodio nos llama a renovar sus estructuras, sus mecanismos y también sus propias personas para que acompañen este proceso. Muy bien usted lo dijo: la picardía de los estudiantes. Ellos se aprovechan del ambiente o de la vulnerabilidad. Pero no solo la picardía. También está la situación social, que de alguna forma rebasa seguramente las posibilidades ciertas de seguridad y control que tiene una estructura. Hoy nos urge la necesidad de revisar los mecanismos, tanto de docencia, administración, de control. Ya tenemos un equipo que está trabajando para una planificación estratégica de los próximos cinco años. No queremos ser una simple institución que tiene un nombre lindo.

–Una institución prestigiosa de 50 años puede desmoronarse por escándalos como este.

–Hay un pasaje de la Sagrada Escritura en el Nuevo Testamento que habla del león rugiente que ronda en torno de nosotros para encontrar a quién devorar. Son desafíos diarios que tenemos. El docente tiene ante sí el desafío de entender que no debe ser un simple repetidor. El estudiante debe entender que tiene una gran misión de investigar y de ser acompañado en esa investigación, que no es simplemente cortar y pegar o plagiar trabajos de otro. El estudiante tiene que forjar su saber para convertirse en una respuesta a las necesidades actuales de la sociedad.

–¿Las nuevas autoridades están dispuestas a revisar todo?

–Nosotros hemos hecho la opción de revisar todas nuestras estructuras: llamar a concurso, escalafonar y también darles la posibilidad de una actualización continua, que incluye hasta desarrollar programas en el exterior. Hoy, más que nunca tenemos que convencer a la sociedad que estamos actuando con la solvencia que requieren las circunstancias.

–¿Está dispuesto a traer profesionales de afuera? Porque ni los decanos tienen título de doctor.

–En principio estamos tratando de elegir lo mejor que tenemos. Tal vez no sean del título máximo, pero siempre se busca lo mejor. En caso necesario, por qué no, vamos a traer gente de afuera también si lo amerita. Hasta hoy, por lo menos, estamos cubiertos con los docentes que tenemos.

Hemos comprometido con la Agencia Nacional de Acreditación nuestra postulación para acreditarnos institucionalmente. Evidentemente eso nos exige revisar absolutamente todo, incluso hasta nuestra infraestructura edilicia.

–¿Cómo se presenta la UC ante la competencia de más de 50 universidades? Antes eran solo la UNA y la UCA.

–La competencia es buena porque eso mejora la oferta y el producto. Solo que en esta competencia de universidades también nos enfrentamos a una competencia muy desleal. Por ejemplo, hay instituciones de nivel universitario que ya tienen una acreditación universitaria y que simplemente copian nuestra malla curricular. Un profesor nuestro nos comentó que la malla curricular que él elaboró usan en una universidad, incluso con los errores que el profesor ya corrigió en la malla que usa actualmente. Eso da la pauta de que la intención no es formar profesionales, sino un afán meramente mercantilista. Es como una estafa.

–¿Esta proliferación impacta en los ingresos de la Católica?

–Ciertamente tengo que decir que este año 2015 hemos tenido una explosión de población universitaria. Como nunca, en el curso de admisión se inscribieron 2.200 alumnos. Nunca se ha atravesado el marco de los 2.000.

–¿A qué le atribuye?

–A que la Universidad Católica sigue dando un respaldo a ese compromiso por una educación seria. Incluso puede ser un voto de confianza por esa firme decisión que tuvo de no apañar situaciones irregulares que riñen con su misión. En la UC los alumnos deben tener una escolaridad del 75% para rendir una materia. Los profesores tienen una exigencia del 100% de asistencia, salvo por razones bien justificadas. Hay un reglamento que penaliza. Tratamos de seguir las enseñanzas del papa Francisco cuando dice en su paradigmático documento Evangelii Gaudium: “Es necesario primerear”.

–¿Qué significa?

–Ser los primeros. Yo, cristiano católico, como seguidor de Jesucristo, tengo que estar primero en todo, pero no para buscar el estrellato, sino para servir a la humanidad. En este sentido, el Papa llama a la Iglesia a ser misionera, a llevar este anuncio del Evangelio, comprometida con la humanidad, con la realidad de nuestro tiempo.

–¿Y la Católica cómo lo está haciendo?

–Los que estamos en la Universidad Católica tenemos que entender que no podemos estar ausentes de las necesidades sociales para cumplir la misión de ser servidora de la sociedad. Hoy tenemos más de 25.000 estudiantes en todas las sedes. Yo les invito a hacer esa revisión que nos plantea el Santo Padre. Es el gran desafío. Tenemos que renovar las energías para enfrentar las cosas que van a venir.

29 DE MARZO DE 2015.