Miércoles, 21 de Noviembre de 2018
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Si no ponemos personas honestas, jamás habrá justicia en Paraguay

El arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, sostiene que el combate exitoso contra el crimen y la impunidad solo será posible con la elección de personas honestas en la Corte Suprema de Justicia o de lo contrario “jamás habrá justicia”. En esta entrevista (cuya primera parte publicamos ayer) anuncia que el papa Francisco vendrá al Paraguay “porque ama al Paraguay”, pero que no se sabe si será en 2015. El prelado afirma que se puede revertir el castigo contra monseñor Livieres.

–Todos los mensajes de los obispos en el novenario de la Virgen se centran en la corrupción. ¿Cree que algo puede cambiar?

–Lo importante es que no quede en el oparei. Necesitamos que no haya complicidad con el crimen, que no haya más impunidad. Si no funciona la justicia, esto va a seguir igual que antes.

–¿Está de acuerdo con la renovación de los ministros de la Corte?

–Sí, pero que no sea solamente un cambio de personas. Debe ser cambio de valores. Si yo tengo una persona en la Corte que es corrupta y pongo otra persona corrupta, el cambio no sirve para nada. Necesitamos que estas personas que están en la Corte tengan un antecedente limpio...

–Sin mácula... ¿Una utopía?

–¡Noo! Tiene que haber. Necesitamos personas incorruptibles, otro (Jerónimo) Irala Burgos, magistrados sin mácula. Necesitamos hombres nuevos. Allí está el valor del cristiano. La mayoría somos decentes en este país. En Brasil ya no eligen a los que tienen antecedentes. Entonces, nosotros también podemos...

–¿Hay que institucionalizar el polígrafo (el detector de mentiras)?

–Cualquier método es válido. Lo importante es que la renovación de la Corte no sea como siempre un cambio de personas. Hay que renovar la misma estructura del manejo de la justicia poniendo personas honestas, con la convicción de hacer justicia. Si no ponemos en la Corte a personas honestas, jamás va a haber justicia en nuestro país.

–¿Hubo un cisma en la Iglesia por el caso del monseñor (Rogelio) Livieres?

–No, cisma no. Ha habido un momento de crisis por la comunión interna de la Iglesia. Existe una colegialidad episcopal desde el Concilio Vaticano II. Esto se estructura mediante la Conferencia Episcopal Paraguaya, que es la que orienta la acción pastoral de cada diócesis. No la ejecuta, orienta. El propio monseñor Livieres admite que desde sus inicios se encontró en conflicto con sus colegas obispos y esto se fue ahondando. Sicológicamente se fue ahondando también en él. También él se fue cayendo en un aislamiento, creyendo que como obispo podía actuar sin sus colegas, los obispos de la Conferencia Episcopal. Yo creo que en su convicción canónica él pensaba que era la máxima autoridad de su diócesis, y lo es. Pero tiene que vivir la comunión con sus colegas y la comunión con el Papa. Entonces esto ha llevado a una preocupación cada vez más seria de la ruptura de esta comunión hasta que finalmente sabemos cómo la Santa Sede ha intervenido.

–¿Cuál es el verdadero motivo de la sanción?

–El motivo fundamental de esta sanción que sufre él es por no haber vivido la comunión con sus colegas obispos. Esperamos que él como cristiano, como sacerdote, como obispo, pueda realmente meditar y dar un salto cualitativo en la comunión. Qué lindo sería verlo abrazando a cada uno de sus colegas obispos. Y eso esperamos hacerlo, si Dios quiere, en la próxima ordenación sacerdotal de monseñor Guillermo Steckling en Ciudad del Este, el 21 de diciembre. Esperamos ahí encontrarlo a Livieres y darle un abrazo y que el abrazo sea de parte de él también, como una demostración de la aceptación de la colegialidad, la comunión con sus hermanos.

–¿El castigo se puede revertir o es irreversible?

–Claro que se puede revertir. Si él dice “yo quiero reconciliarme con mis colegas obispos” y si él dice: “quiero reconciliarme por lo que dije del Papa”, porque ha usado expresiones irrespetuosas con el Papa, que ningún obispo hasta ahora ha usado...

–Dijo que “Dios le pedirá cuentas al Papa” por el castigo que le impuso...

–Sí. Fueron expresiones muy irrespetuosas..., y otra cosa más que no se publicó. Entonces, él necesita reconciliarse...

–¿Dio alguna señal?

–Estamos esperando. El Papa espera, el nuncio (apostólico) espera, el presidente de la Conferencia Episcopal (Claudio Giménez) espera..., todos los obispos estamos esperando. Vamos a rezar, porque ese es un bloqueo espiritual que tenemos. Solo con la oración y la ayuda de la Virgen vamos a superar.

–¿El Papa viene o no viene?

–Yo creo que viene.

–¿En 2015?

–No lo sabemos todavía. Él quiere venir. Ha expresado al nuncio apostólico. Lo llamó cuando estaba enfermo. Le dijo: “Sánate, que después quiero visitar el Paraguay...”.

–Es un hecho entonces...

–Él quiere venir. Francisco ama al Paraguay. El Presidente de la República lo invitó. También lo invitó el presidente de la CEP, monseñor Claudio Giménez. Él quiere venir, pero se deben dar las circunstancias.

–Conquistó a todos por su comparación de la Virgen de Caacupé con la mujer paraguaya.

–Sí. Dijo que “la Virgen de Caacupé es la mujer paraguaya”.

–¿Qué pasa con los cristianos a los que la Iglesia les puso un brete? Los divorciados, homosexuales...

–Y bueno, sobre eso estamos reflexionando. Este año se hizo el Sínodo Extraordinario de la Familia, donde aparecieron todos estos problemas. En 2015 se les dará la solución a estos problemas en el Sínodo Ordinario de la Familia. Allí la Iglesia demostrará cómo se acerca a los que sufren, a los que se autodenominan alejados por la Iglesia.

Para muchos la doctrina es lo que no se puede perder. Para otros es la pastoral. Tenemos que combinar doctrina y pastoral, pero la Iglesia no puede abandonar la doctrina sobre el matrimonio. Para la Iglesia es la unión del hombre y la mujer para el amor y la procreación de la vida. Es la doctrina.

La cuestión es cómo acompañar estas situaciones nuevas, cómo demostrarles el amor de Dios. Después de octubre de 2015, con el papa Francisco, algunas cosas irán cambiando. Tiene que ser un sínodo o un concilio Vaticano III para examinar todos estos problemas y dar una respuesta nueva a las realidades que se viven hoy.

– ¿Cuál es su meta como nuevo arzobispo de Asunción?

–La meta la pone el papa Francisco: hacer que la Iglesia sea misionera, así como la formación de seminaristas y la misma vida de las parroquias.

–No quedarse a esperar en las parroquias...

–No solamente mejorar todo lo que se está haciendo sino además salir en busca de los alejados. Para eso vamos a necesitar una organización interna. Vamos a necesitar de algunos obispos auxiliares. Yo necesito al menos dos obispos auxiliares para poder llevar esta tarea.

–¿Cuántos habitantes tiene la arquidiócesis?

–El arzobispado de Asunción abarca casi dos millones de habitantes, entre Asunción y Central. Son 86 parroquias y dentro de poco habrá 90. La Santísima Trinidad abarca toda la parte norte: Areguá, Luque, Mariano Roque Alonso, Limpio. La parte central, después Fernando de la Mora, Villa Elisa y Lambaré. Ese es el terreno que tenemos. Entonces necesitamos darle un impulso misionero, que la Iglesia manifieste cercanía a la gente. A través de los obispos, el obispo estará siempre cercano a la gente. Ese es un punto.

Yo a partir de ahora voy a vivir al lado de la catedral, justamente con el objetivo de estar más cerca de la gente. Va a ser una política de puertas abiertas a la gente que quiera llevar su queja, sus temas, y tener yo también la oportunidad de salir para encontrar a las autoridades, al Ejecutivo, a los ministros, a visitar a las autoridades judiciales. La intención es crear un poquito ese ambiente de cercanía y fraternidad. También queremos incrementar el trabajo con los jóvenes. El Seminario Metropolitano vamos a convertirlo en la casa de los jóvenes. Mi propuesta es compartida por los sacerdotes y los consejos. El otro punto es trabajar por las vocaciones de los jóvenes. Abriremos un seminario menor próximamente. Estamos organizándonos. La formación de los laicos es otro punto. Queremos ofrecer un instituto superior para la formación de catequistas, de docentes de escuelas católicas (tenemos 5.000 docentes), y queremos ofrecer también una formación sociopolítica de los laicos a partir de la doctrina social de la Iglesia. Este instituto tendrá el reconocimiento de la Congregación de la Educación Católica de la Santa Sede.

8 DE DICIEMBRE DE 2014.