Martes, 23 de Octubre de 2018
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Cualquiera que no sea Dilma les conviene a Brasil y al Paraguay

Cualquiera que le gane las elecciones brasileñas de octubre a Dilma Rousseff, Marina Silva o Aécio Neves, les conviene a Brasil y por ende a Paraguay. La continuidad sería una calamidad para los intereses brasileños, afirma lapidario en esta entrevista el conocido analista político de ese país Demetrio Magnoli, columnista de Folha de São Paulo y comentarista de la televisión O Globo. Magnoli coincide en que el experimento bolivariano debilitó el Mercosur y fortaleció la Alianza del Pacífico.

–Se postula de nuevo Dilma Rousseff y ahora le aparece en el horizonte una competidora muy fuerte, Marina Silva. ¿Qué dicen los brasileños?

–Dilma tiene todavía un buen porcentaje de aceptación en las encuestas, pero la aparición de Marina Silva cambió radicalmente el panorama electoral brasileño desde la tragedia de aviación que acabó con la vida del candidato Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB). Él ocupaba el tercer lugar en las preferencias, detrás de Aécio Neves (nieto del expresidente Tancredo Neves), candidato del PSDB. Marina era la candidata a vice de Campos.

–¿Cuál es el atractivo de Marina?

–Marina atrae los votos de una vasta población de electores que rechazan el actual sistema político brasileño que convirtió el Estado en una máquina del PT (Partido de los Trabajadores). Con el anuncio de su “nueva política”, Marina busca rescatar la cosa pública y recuperar a un vasto conglomerado de votantes que declaraba abiertamente su desinterés por las elecciones o su intención de votar nulo o en blanco. En la segunda vuelta, Marina tendrá mayores posibilidades que Aécio de derrotar a Dilma.

–¿Ella es una comunista radical?

–Marina no es “radical”. Sus asesores económicos están alineados con las ideas de los asesores económicos de Aécio Neves. Ella identifica tanto a Dilma como a Neves como representantes del “viejo orden”, pero al mismo tiempo invita a sus simpatizantes a formar parte de su gobierno, tal vez porque no tiene estructura propia. Ella irradia más confiabilidad.

–Para usted, ¿cuál es el candidato más interesante para Brasil y, bueno, también para Paraguay?

–Pienso que lo más interesante es que haya un cambio de gobierno. Cualquiera de los dos opositores le haría bien a Brasil, porque habrá un cambio de política económica y un cambio importante en la política exterior.

–Son 12 años de supremacía del PT (Partido de los Trabajadores).

–Sí, son 12 años en que Brasil navegó a través de una economía internacional muy favorable y lo desperdició.

–Siempre se elogiaron sus programas sociales...

–Hicieron buenos programas sociales, pero también había dinero para gastar. Había condiciones para hacer esos programa sociales. Aún así no se alteró el panorama histórico de la economía. No hicieron reformas estructurales.

–¿Ellos remaron contra la corriente?

–No creo que estos gobiernos de Lula y Dilma hayan remado contra la corriente. Ellos siguieron la tradición estatista que comienza con Getulio Vargas. Es una tradición proteccionista, política y económicamente conservadora. La ruptura se produjo en los dos gobiernos de Fernando Henrique (Cardoso), en la década del noventa, cuando Brasil intentó hacer reformas económicas.

–¿De qué le sirvió a Brasil esa disciplinada política antiamericana de Dilma?

–De nada. Lula primero y Dilma después hicieron contorsiones verdaderas. Nunca habrá escuchado que Brasil repruebe los atentados contra la democracia en Venezuela y Cuba. En cambio, sí habrá escuchado cuando pegan el grito al cielo por las muertes en Gaza. La prisión y las muertes en Venezuela no existen para el Gobierno brasileño.

–¿Y qué consigue?

–Es una contradicción cada vez más explosiva de la política exterior de Brasil. El gobierno del PT se debe a la democracia restaurada de Brasil después de una dictadura militar. Pero este partido proviene de una raíz internacionalista de izquierda, por ende, profundamente antiamericanista. Es la base de esta contradicción...

–No se les nota, sin embargo, ni a Lula ni a Dilma como unos marxistas fanáticos...

–De hecho, Lula ni Dilma no hicieron, desde el punto de vista de la política económica, gobiernos de izquierda. Son bastante conservadores, pero para agradar a su base política ortodoxa del PT ellos se muestran, por lo menos en el discurso, como antiamericanos.

–¿Ventajas sicológicas?

–Son ventajas internas, para mantener la cohesión de la parte social y política del PT.

–¿No le interesa la política exterior?

–Brasil es muy grande. La política exterior no es una temática muy importante desde el punto de vista electoral.

–En Paraguay el expresidente (Fernando) Lugo ganó en el 2010 prometiendo exigir a Brasil renegociar Itaipú...

–Brasil es diferente a Paraguay. La política exterior es más popular en Paraguay.

–Fue una consigna nacionalista: que Brasil pague más por la energía que Paraguay le vende en Itaipú...

–Desde el punto de vista de Paraguay, la renta de Itaipú hace una diferencia económica importante. Ese es un punto de discusión nacional en Paraguay. Sin embargo, el comercio exterior, el Mercosur, son importantes pero no decisivos desde el punto de vista electoral en Brasil.

–Todavía, o nunca, van a pagar por eso...

–Hoy es diferente. Por causa de la reducción del crecimiento del PIB, la reducción del crecimiento de la renta de los brasileños, el tema de la política y el comercio exterior se tornan más importantes en este escenario del crecimiento económico.

–Por lo menos con este último gobierno Brasil perdió credibilidad, algunos analistas dicen que hasta respeto...

–Brasil tiene la pretensión de tornarse miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Con su política hostil antiamericana no va a conseguir.

–Muchos estaban convencidos de que se iba a erigir como líder de América Latina...

–Por el contrario, hoy en América Latina los países que prosperan económicamente están reunidos en la Alianza del Pacífico

–¿Es una competencia entre dos frentes? ¿El ingreso de Venezuela degeneró más la inoperancia del Mercosur?

–Hay dos Mercosur. Está el Mercosur de los orígenes, comercial, económico, no ideológico, abierto a la globalización, y el segundo Mercosur, el que empieza con el ingreso de Venezuela. Y quedó reducido a eso, a un bloque político con un directorio político de tres países: Brasil, Argentina y Venezuela. El Mercosur original se acabó.

–¿A quién le sirve un Mercosur político?

–A Brasil no le sirve, a Paraguay mucho menos, ni a Uruguay. Como economías pequeñas que son, Paraguay y Uruguay necesitan de mercados crecientes de comercio externo. Mercosur no sirve hoy como está para negociar acuerdos con la Unión Europea ni con Estados Unidos ni con los grandes bloques del mundo.

–¿Usted cree que esto va a seguir así después de las elecciones de octubre en Brasil?

–Pienso que es inevitable que Brasil se vea obligado a reducir de nuevo el bloque a un área de libre comercio, de tal forma que pueda negociar con los otros grandes bloques sin el consentimiento de Argentina y Venezuela.

–¿Abrir un nuevo bloque con otro nombre?

–El punto no es el nombre. Es la libertad de negociación. Si hay una zona de libre comercio, esto será diferente. Brasil podrá negociar con Europa y con América del Norte.

–¿Cómo ve a Paraguay en función a los cambios que se avecinan?

–Pienso que Paraguay está siguiendo un camino propio, natural e inevitable de oscilar entre Mercosur y la Alianza del Pacífico.

–Marco Aurelio García, portavoz de Lula y Dilma, dijo en un artículo que estaba decepcionado del ex presidente Lugo porque no consiguió un “nuevo orden” en Paraguay. ¿Brasil estaba en ese plan de instalar gobiernos bolivarianos?

–Lula pensaba que podía erigirse en el líder indiscutible de la región y adoptaba más bien una posición pasiva. Apoyaba porque la base política del PT asumió que debía defender a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba, los gobiernos de la Alianza Bolivariana, pero no intentó difundir la idea. En el fondo, Chávez siempre fue un problema para Lula. Pienso que es una derrota histórica de la política externa de Brasil. La prosperidad económica de América del Sur está ligada hoy, sin dudas, a la Alianza del Pacífico.

8 DE SETIEMBRE DE 2014.