Martes, 23 de Octubre de 2018

Funcionaria rechaza que Brasil sea un país imperialista

“Yo no creo que haya ninguna acción que pueda caracterizarlo a Brasil como un país imperialista”, afirma en esta entrevista Clara Ant, la jefa del gabinete de informaciones del presidente Lula. La funcionaria estuvo en Asunción para la tradicional conmemoración de “La noche de los cristales rotos”, que hace cada año la entidad B’nai B’rith por el 9 de noviembre de 1938, la fecha que dio inicio a la tragedia judía en Alemania.

–¿Tiene una reflexión sobre el racismo y la intolerancia para este día en que se recuerda “La noche de los cristales rotos”?    
 –Esta fecha debe recordarse no solo como un simple recuerdo, sino como una advertencia de las tareas pendientes que nos quedan para mejorar la vida y garantizar la convivencia en la democracia. Brasil es un país muy diversificado étnicamente. Es multirracial. Tenemos leyes muy fuertes contra cualquier manifestación de intolerancia. Nuestra constitución nos da herramientas para defender a las víctimas de los actos de intolerancia. Paralelamente, la memoria histórica es una herramienta fundamental para defendernos de las nuevas manifestaciones de intolerancia, persecución o cualquier tipo de discriminación.
Si toda la gente siguiera fielmente los mensajes de su religión o sin religión, relativos a la búsqueda de la igualdad y la solidaridad estaríamos más preparados para construir un gran escudo contra el racismo, el antisemitismo, la homofobia, que son los principales blancos de los neonazis.

–¿Cuánto tiempo lleva al lado de Lula?   
–Yo estoy desde el 91 en forma permanente. Yo era del gremio de arquitectos. De ahí comienza...    

–Ni se habrán imaginado la dimensión que iba a tener Lula. 
–Ni nos imaginábamos eso. En los años 78 y 79 Lula ya se perfilaba como un gran líder cuando iba por todo el país a negociar en nombre de los trabajadores. En San Bernardo, su ciudad, reunía en asamblea a 100.000 personas. Ahora se está haciendo una película desde su nacimiento hasta el día en que se murió su mamá, cuando él estaba en prisión.    
   
–¿No le vio a su mamá?    
–Le dejaron salir para ir al velatorio. El siempre habla mucho de su mamá. Entonces se hizo la historia de su vida desde que nació hasta la muerte de ella.    
   
–¿Cuándo murió ella?    
–Hace 29 años, en el año 80.    

–¿Lula es diferente al de aquel sindicalista tan carismático?  
–Es mejor, cada vez mejor. El que no le conoce puede no estar de acuerdo con él, pero le va a quedar simpático.    

–¿Se jubila ahora?    
–No, qué se va a jubilar. Ya es jubilado de los metalúrgicos...    
   
–Ya no puede presentarse a elecciones. 
–No es que no quiere, no puede. No quiso hacer como (Fernando Henrique) Cardoso, que cambió la ley para él. Lula dijo: “si quieren cambiar la ley cambien para los que vienen, no para mí”. En el fútbol usted no puede cambiar las reglas en el medio del juego.    
   
–Debe ser un dilema... 
–No hay dilema. Tiene una candidata (Dilma Rousseff) y nosotros vamos a luchar para que  gane democráticamente (en 2010), como siempre lo hicimos.    

–En América Latina,  el que sube ya no quiere bajar. Pasa con Uribe en Colombia, Chávez...    
-Cuando militaba en el sindicalismo él hizo votar en la asamblea, que nadie se  quede más de dos veces. Sus convicciones son muy democráticas. El no piensa  sacar provecho propio del poder.    

–¿La incertidumbre sobre el futuro sin él no va a poner en riesgo la estabilidad?    
–Nuestra candidata representa todo lo que Lula hizo. Es la principal ministra del gobierno. Todo lo que construyó lo hizo con ella. Es el símbolo de la continuidad de lo que Lula está haciendo.    

–Lo que más resaltó  es que estaba enferma...    
Estaba. Los médicos le diagnosticaron el final del cáncer que tenía. Creo que es una cosa muy importante porque, como todos sabemos, hoy el cáncer puede ser derrotado. Ella hizo todo el tratamiento como debía hacerlo y los últimos exámenes que repitió indican que no quedó nada.    

–¿Cuál fue la fórmula de Lula para el éxito de su gobierno?    
–Primero de lo primero es que  Lula escucha. Escucha a todos.    

–Acá también dicen que el presidente Lugo escucha mucho, pero que solo hace eso... 
–Yo no voy a comentar sobre otros presidentes, pero Lugo recién comenzó. Cuando Lula comenzó, durante un año le hicieron un infierno, diciendo que no va a hacer nada, que iba a destruir el país, y bueno... El tiene una inteligencia superior. El escucha, mira y crea ideas, rumbos y se impone desafíos permanentemente. El suceso de Lula se basa en la seriedad con que trató la economía. Se preocupó especialmente por los pobres. Se impuso como meta que todos los brasileros coman por lo menos tres veces al día...    

–Su campaña “hambre cero”.    
–Sí, “hambre cero”. En la segunda vuelta decía que solo hacía sentido candidatarse otra vez, para hacer mejor lo que hizo. Entonces, se dedicó a la estabilidad económica, el combate a la inflación, que es lo que más daño hace a los trabajadores, porque se come su salario. El articuló cinco puntos que hacen caminar a Brasil como si tuviera cinco pies: la estabilidad económica, la reducción de la desigualdad, la estrategia en energía, las relaciones internacionales para insertar a los países emergentes en los grandes organismos y la integración latinoamericana...    

–Tocado además por la providencia después del descubrimiento de tanto petróleo...
–En Brasil había un slogan que decía: “todo lo que se planta, sale”. Todos querrían gobernar un país como ese. Cómo hacer que revierta en la población es el problema. Y ahí está  la habilidad del gobernante, así como Lula fue hábil para conseguir que Brasil organice la Copa del Mundo o que elijan a Río de Janeiro como sede de la Olimpiada 2016.    

–En la época de la dictadura había mucha solidaridad entre los opositores perseguidos de Brasil y Paraguay. Hoy en la democracia cuando se pensaba que el progreso iba a correr sobre rieles, solo se ven trabas al comercio, conflictos...    
–Yo no creo que estemos caminando para atrás. Estoy segura de que estamos caminando para adelante. 
Ya tenemos un acuerdo en Itaipú. Es un gran paso. Lula dice: “si mis vecinos están bien, yo voy a estar mejor”.    

–En Paraguay también hay unos cuestionamientos sobre Brasil, ABC en particular, en el sentido de que le debe a Paraguay una reparación histórica por la Guerra de la Triple Alianza, ¿cuál es su opinión?    
–Lo siento. Yo no soy una experta. Por ética yo no puedo hablar de un asunto para el que está especializado el embajador o el canciller. Yo creo que se vienen haciendo unos acuerdos muy convenientes para el Paraguay. Cuando se hacen acuerdos se tienen que equilibrar los intereses de cada uno. A veces uno pierde, a veces gana, pero la integración latinoamericana es un objetivo primordial en la política del Presidente...    

–Acá también se pone en cuestión, por este asunto de las trabas, el carácter imperialista del Gobierno brasileño, algo  que parecería una contradicción teniéndolo como presidente a Lula. ¿Es  imperialista Brasil, sí o no?    
–(se ríe) Usted le pregunta eso a la persona equivocada. Por otra parte, ningún brasilero le va a decir a usted, “soy imperialista” aunque lo fuera. Yo no creo que haya ninguna  acción que pueda caracterizarlo a Brasil como un país imperialista.    

–¿No?
–Al contrario. Usted mismo dijo que la integración estaba cantada en los besos y abrazos de nuestros políticos durante la dictadura, y no ocurrió. Yo creo que hoy por lo menos si logramos los brasileños y ustedes los paraguayos, y todos los países, si logramos por 20, 30, 40 años, continuar lo que se está comenzando: las rutas, el comercio, la cooperación entre los países, dar de sí lo que cada país tiene de mejor para hacer convenios y cooperación con los demás, quiere decir que vamos por el buen camino. Esto no es tan simple. Usted no puede decir: “Llegó Lula el milagroso” para que en un estallar de dedos tenga  hecha la integración. Esto es como tejer.

–Es un tejido.
 Nuestro continente no tiene tejido. Tiene acciones aisladas. Lo que se está buscando hoy, no solo Lula, es llegar a acuerdos y cooperar efectivamente para integrarnos. Dentro de 20 años quiero estar viva para volver acá y poder decirle: “mire adónde llegamos”, “qué maravilla este continente ahora: tiene caminos físicos, caminos diplomáticos, caminos comerciales, caminos culturales”. Transformar en hechos los deseos lleva tiempo. Entonces, ¿por qué usted dice que somos imperialistas si estamos construyendo todos juntos una sociedad, una sociedad que a veces tiene sus cosas difíciles? Es cierto, tienen que mejorar las condiciones de comercio. Bolivia por ejemplo tiene ese problema con los textiles desde que los americanos le suspendieron por el asunto de la droga. Entonces Brasil le ayuda, pero en la medida que puede, porque tampoco puede perjudicar a la industria textil y a los artesanos de Brasil. Hay que encontrar el punto. Yo creo que hoy tenemos en América Latina cada vez más gobernantes que entienden que el diálogo es una herramienta importante de construcción para el  relacionamiento material, físico, cultural y político de nuestra sociedad. Yo creo que estamos haciendo bien.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 9 de noviembre de 2009