Martes, 23 de Octubre de 2018

Para Fadul es imperdonable desperdiciar el tiempo de cambio

Hemos llegado al tiempo de cambio que hemos declamado estar esperando desde hace más de 60 años. Desperdiciarlo será imperdonable, advierte el líder del Partido Patria Querida, Pedro Fadul, quien repara en las vacilaciones de Fernando Lugo para asumir un liderazgo decidido, y más bien la desconfianza que irradia al marginar y eludir inexplicablemente a los actores políticos que no pertenecen a su círculo áulico, distanciándose de ellos, al punto de reproducir tretas coloradas para despreciarlos en un afán de controlar todo.

 

–El término de moda en estos tiempos es el cambio. Pasan los meses... 
–El cambio no está definido con claridad y mucho menos puesto en marcha. El viejo modelo político se resiste a morir mientras el nuevo no está ni definido ni mucho menos maduro. Desde 1989 no hemos sido capaces de construir un nuevo modelo que reemplace por completo el viejo modelo, que sigue plenamente vigente.

–¿Cómo, vigente?
–Muchos actúan como si el cambio se fuera a producir por la mera sustitución de las personas. Quienes así piensan, conciben al cambio como una readaptación del sistema que, de hecho, introduce en el mismo ajustes menores, pero no modifica sus características. Los actores llamados a desarrollar el cambio deben tener la determinación y la capacidad de llevarlo a cabo. 

–¿Usted duda de la capacidad de Lugo? 
–Un liderazgo decidido, creíble es insustituible. El nuevo modelo político debe construirse de manera planificada, lo antes posible, porque los acontecimientos se irán sucediendo uno tras otro sin solución de continuidad. Tanto el Gobierno como la sociedad deben estar listos para enfrentarlos. 

–El Gobierno y la sociedad. ¿Qué significa? 
–No hay cambio posible sin cambios de actitudes de todos. Quienes crean no tener necesidad de cambios en sus comportamientos personales, en sus organizaciones, se equivocan. Todos tenemos cuanto menos una cuota de cambio pendiente por delante. Es hora de dejar atrás el romanticismo revolucionario y cualquier tentación emparentada con la concentración de poder, en busca de atajos para el desarrollo. La ideología única es una fantasía. Es hora de comprender que los caminos para solucionar los problemas que ofrecen los modelos autoritarios son inaceptables. 

–¿Hay que imponer el cambio? 
–Entre la imposición radical de un nuevo modelo y la adhesión voluntaria, prefiramos la adhesión. Antes que las confrontaciones ideológicas basadas en dogmas irrenunciables, elijamos el pragmatismo basado en principios universales Las ideologías han tenido poca presencia en la sociedad civil en las décadas pasadas, incluso después de la caída de la dictadura. 

–Ahora es tema de todos los días...
–Desde las elecciones del 2008 se ha incorporado al debate y podemos anunciar con bastante fundamento que la confrontación ideológica será un nuevo ingrediente de nuestra vida política. 

–¿La democracia puede aceptar un gobierno electo que practica el autoritarismo? 
–De ninguna manera. El debate ideológico debe producirse dentro de los principios democráticos y con la convicción de que el autoritarismo es inaceptable en cualquiera de sus ropajes. Nadie puede pretender imponer una ideología con dogmatismos y descalificaciones. Los países que han avanzado mejor en esta senda, han logrado sacar provecho de todas las ideologías en disputa, haciendo que el verdadero valor esté en la confrontación democrática. Esto implica desechar posiciones extremas que buscan imponer supremacía de manera excluyente. 

–¿Qué aporte puede traernos la izquierda, una ideología casi desconocida antes de 1989? 
–Es bueno comprobar que en realidad, un gran aporte de la izquierda se ha dado con la creación de una nueva conciencia social que se va gestando lentamente: la conciencia de sentirnos y hacernos todos co-responsables de la situación social de todos los paraguayos. Asumir que esta responsabilidad ya no se limita exclusivamente a la dirigencia política o al Estado, sino que nos corresponde a todos. Que esta responsabilidad se basa en la solidaridad e incluso en la acción directa de sectores privados en el campo social, y ya no solo en la ocasional caridad de las personas. Ello se puede considerar como un avance importante hacia la búsqueda de una mayor equidad social.

–¿No los nota un poco resentidos, revanchistas, especialmente los que hacen gobierno por primera vez? 
–Si existe un valor que la irrupción de las ideologías de izquierda ha incorporado a nuestro tiempo es la conciencia de la responsabilidad del destino común. El nuevo modelo político debe traducir este principio a acciones concretas, y debe hacerlo sustentándose en el espíritu de solidaridad y de justicia y no en el resentimiento o el revanchismo, pretendiendo revertir el grupo de excluidos. Solo la producción y el crecimiento en simultáneo con mayor equidad distributiva harán que la pobreza y la exclusión social puedan ser superadas. 

–¿Cómo piensa que se puede instalar un nuevo modelo si la administración pública está intacta, con su cuota de clientelismo, prebendarismo, padrinazgos y corrupción? 
–La administración pública debe focalizarse en la eficiencia. La administración pública es un servicio. Requiere reeducar a los funcionarios, sustituirlos o despedirlos. 

–¿Así de lapidario? 
–Se requiere un nuevo concepto de administración pública, que es un servicio que el Estado presta a la sociedad que lo sostiene y le da su razón de ser. Este servicio debe estar reservado a los más aptos y dedicados, en un régimen de eficiencia, austeridad y honestidad, aunque ello demande la reeducación de muchos, la sustitución de algunos y el despido de otros. 

–Muchos creían que con el cambio de gobierno, los políticos se iban a moderar. Se iban a cuidar más. 
–La política sigue reducida a una competencia entre avivados. Se dice que en política vale todo, que es “el arte de lo posible”, que “siempre hay que negociar”. Estas afirmaciones están hoy cargadas de connotación negativa, debido a que han servido más que nada para justificar prácticas torcidas.

–¿No es acaso el arte de lo posible? 
–Pero no es el arte del vale todo. Y cuando decimos que “en política hay que negociar”, debemos decir que la negociación es una herramienta vital en la democracia, pero solo si allí se debaten los intereses nacionales y no los meramente sectarios. La actividad política no puede seguir siendo el refugio de personajes mediocres y perversos que la utilizan para obtener beneficios indebidos a costa del sacrificio de otros que se ganan la vida con el trabajo honesto. 

–¿No lo ve como líder al Presidente?
–Ni la dirección ni el liderazgo están aún lo suficientemente definidos. Las fuerzas conservadoras del sistema están bien estructuradas y llevan mucho tiempo en el oficio. Las que promueven el cambio están dispersas, sin mucha experiencia. Darse por satisfechos con el simple cambio de nombres en el gobierno, será dar licencia para que el modelo vigente perdure. 

–Estamos entre la esperanza de cambio y la frustración... 
–La vocación más clara de cambio, hoy en día, está expresada por la denominada “esperanza” de los ciudadanos, que se han cansado del modelo anterior y han elegido como sus autoridades a quienes no fueron principales sostenedores de ese sistema. Los que se comprometieron a hacerlo deben irremediablemente liderar esa tarea. Si no lo logran, el país será condenado a quién sabe cuántas décadas más de empantanamiento en el subdesarrollo. 

–¿Cuál es el modelo ideal a seguir, para usted? 
–El nuevo modelo no debe surgir de la aceptación pasiva de recetas copiadas de modelos foráneos. No hay una fórmula única para producir el cambio. La cuestión es elegir un camino y mantenerse en él por un largo periodo. Un buen inicio es definir mejor nuestros objetivos en términos políticos, económicos y sociales, sin dudar ni por un instante que el sistema político de los últimos sesenta años está agotado y que hay que sustituirlo por los valores que reclama hoy para sí nuestra sociedad. Solo se requiere de una hoja de ruta y personas capaces, lúcidas y decididas de guiar a la ciudadanía por un sendero hasta hoy inexplorado. Estamos viviendo el futuro ansiado que hemos declamado estar esperando desde hace más de sesenta años. Desperdiciarlo hoy es imperdonable.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Sábado, 7 de febrero del 2008