Martes, 23 de Octubre de 2018

Denuncian que en el Poder Judicial manda el reinado de la arbitrariedad

 

La abogada Mercedes Brítez de Buzó describe en esta entrevista una situación particular que padece dentro de la aparentemente normal jungla tribunalicia. Sin embargo, con su relato ventila, con nombre y apellido, el reinado de la arbitrariedad donde ciertos magistrados abusan de su poder de acuerdo a la cara de amigos o de pocos amigos de abogados y clientes. Pero ella dice: “No me van a hacer callar”.
 
–¿Por qué dice que la persiguen en el Poder Judicial? 
–Resulta que desde el año pasado andaba defendiendo a cuatro niñitos ciegos. No podían ingresar a la escuela y pedí una medida cautelar de urgencia. No encontré a la jueza en su despacho... 

–¿Quién? 
–María Eugenia Giménez de Alen. Ella se inhibió después de mí porque cuando yo era magistrada de la niñez, ella era fiscala. Me tocó intervenir en aquel famoso caso de dos niñitos recién nacidos que quité de la calle. Las supuestas madres no tenían cómo demostrar el vínculo. Entonces, la fiscala Giménez de Alen se apersonó a mi despacho y me dijo que le devuelva las criaturas inmediatamente. Dijo que ella y la fiscala Gloria Benítez estaban ayudándoles a las madres. Le pregunté cómo podía ser eso si yo les hice hacer un estudio de sangre. “Esos chicos tienen sífilis”, le dije. “Yo voy a apelar eso”, me dijo. Le dije que ella no era fiscal de la causa. Era Blanca de Paats. Entonces me dijo: “yo voy a redactar la apelación y le voy a hacer firmar a Blanca de Paats”. Apeló. El Dr. Aguirre firmó un oficio en el albergue donde estaban los niñitos con sífilis –que podían quedarse ciegos si no eran tratados– para que le devuelvan a la criatura. 

–¿Usted qué hizo? 
–¿Qué podía hacer? La Corte confirmó lo que hizo, y a María Eugenia de Alen se le nombró jueza. 

–¿De qué año estamos hablando? 
–De 2001. El año pasado (2007), ya como abogada, me presento en su despacho. A las 7:30 no estaba. Me voy al despacho siguiente, de Rosa María González de Fernández. Tampoco estaba. Los periodistas comprobaron conmigo esa elegante manera de robar al Estado. Me fui junto a Alicia Pucheta, presidenta de la Corte, y ella ordenó verificar. Por supuesto, a las 9:00 de la mañana todas en su despacho. Las juezas se molestaron conmigo. Firmaron una nota dirigida al consejo de superintendencia diciendo que se solidarizaban con la de Alen, con González de Fernández y Gloria de Benítez. Me acusaron de “falta total de respeto y consideración”... 

–¿De quiénes está hablando? 
–De Karen González, Sonia de León, Graciela Roa. Que conste que yo no tenía ningún expediente con ellas. Más adelante, cuando le urgí a la jueza María Cristina Escobar a cumplir con los plazos procesales me apercibió, y le incluyó a mi hijo Sebastián Buzó Brítez, que no tenía vela en ese entierro. Nos denunciaron ante el consejo de superintendencia. 

–¿Las acusa de actuar corporativamente? 
–Cuando hay contienda de competencia, como se produjo entre la del cuarto y la del quinto turno, la primera se inhibió de mí porque dijo que firmó ese escrito en mi contra. La del quinto rechazó la inhibición y pasó a la cámara. La cámara, que solamente tiene atribuciones para resolver la contienda de competencia entre las dos juezas, se expidió extra petita (más de lo que se le pidió) para que todos los jueces de la niñez se inhiban de nosotros. 

–¿Quiénes son? 
–Manuel Silvio Rodríguez, María Francisca Prette de Villanueva y Mirtha González de Caballero, jueces de la única cámara de la niñez. 

–Usted denunció a tres y... 
–Y todo el resto se dispuso a boicotearnos. El Colegio de Abogados los acusó de manipular la ley y repudió este abuso de atribuciones. Se pronunció el Círculo de Abogadas, el Colegio del Mercosur. Mis clientes se pronunciaron. Mi caso de los niños ciegos llegó hasta lo penal adolescente, de rebote en rebote. Ellos abusaron de su poder para cerrarme la boca porque fui una osada al denunciar que no llegan a hora a su despacho y no cumplen los plazos. Es una venganza. 

–¿Qué quiere demostrar con esta denuncia? 
–Que hay jueces que solamente quieren litigar con ciertos abogados. Conmigo no quieren porque yo les voy a denunciar si hacen mal su trabajo. Conozco el Poder Judicial por dentro y por fuera. Presenté el año pasado una nota contra el tribunal de la niñez y la adolescencia porque se tomó atribuciones que no le corresponde. La sala constitucional de la Corte (Núñez, Fretes y Altamirano) me rechazó in limine. El argumento fue que mi hijo y yo somos parte interesada en la disputa de la contienda de competencia y que por lo tanto, que no somos parte interviniente. 

–¿En qué quedó el caso de los niños ciegos? 
–Pegaron carteles en algunos juzgados con la leyenda “abogados inhibidos en este juzgado” con el nombre de mi hijo y el mío. 

–¿Le cerraron el círculo? 
–Lo único que no van a lograr de mí es que me calle. Hice una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra la institución del Poder Judicial. Están cercenando mi derecho al trabajo y que el cliente pueda elegir al abogado de su preferencia. Los expedientes van a parar en el juzgado de primera instancia, del primer turno en lo penal de la adolescencia, a cargo de Edith Coronel de Machado, la esposa del (jefe del) 911. Presenté 10 urgimientos por retardo de justicia. En el octavo urgimiento me amenazó. Hace 6 meses que la de Machado está paralizando el expediente. Las juezas hicieron un espíritu de cuerpo contra mi persona. Llamativamente, ellos trabajan muy cómodos con ciertos abogados. En cambio, yo les molesto...

–¿Hay cuestiones que se manejan entre bambalinas? ¿Hay intereses financieros de por medio? 
–¡Y a usted, qué le parece! No me consta, pero me llama la atención, por qué estas ONG están con los niños desde hace 25 años y no se soluciona el problema de los niños de la calle. Yo me vanaglorio de mis conocimientos y mi capacidad en la jurisdicción de la niñez. No me pueden mentir, pero estamos en un Poder Judicial que no garantiza los derechos. Si usted tiene un proceso en la jurisdicción del menor y me quiere contratar a mí, tengo vedada la entrada. Yo denuncié esto ante el famoso tribunal de ética. 

–¿Qué resolvió? 
–Rechazaron. La Corte no le da bolilla. Le cuesta ponerse los pantalones y llamar la atención como corresponde. 

–¿Hay que cambiar los jueces, hay que cambiar la Corte, hay que cambiar a todos? 
–Mire. Lo único que sé es que me van a seguir boicoteando por hablar crudamente de la institución del Poder Judicial. En virtud de la Constitución los ministros de la Corte tienen un plazo de cinco años en sus cargos. ¿Por qué se aferran a su silla? ¿Por qué no vienen aires nuevos? ¿Por qué a los jueces no se les sanciona? Estos es más evidente que no sé qué. 

–Para usted, ¿tienen que ser sancionadas estas juezas? 
–Si funcionara esto, estas juezas deberían ser enviadas al Jurado de Enjuiciamiento. 

–¿Usted no recurrió? 
–¿Para qué? 

–El jurado cambió... 
–No. No cambió. Con esto que yo digo, de oficio, ellos pueden hacerlo. Que hagan ellos a ver si tienen los pantalones bien puestos. ¡A ver si se animan! Quiero ver..., quiero ver para creer. Pero a mí mi boca no me van a tapar, aunque me muera de hambre, porque yo soy una persona de una sola pieza. Yo no soy de posturas ambiguas. Cuando yo era jueza y recibía una llamada de un ministro de la Corte, y le paraba. “Un momentito”, le decía. “Yo soy la responsable de mis propios actos”. Hace falta urgentemente que soplen vientos nuevos. 

–¿Por qué usted salió de la magistratura? 
–Cumplí los 5 años y me retiré voluntariamente. Me llamó el presidente Nicanor Duarte Frutos. Me pidió que me hiciera cargo de la Secretaría de la Niñez y la Adolescencia. “El país la necesita”, me dijo. Me prometió dar fondos, además de apoyo político. El apoyo jamás llegó. Después me pidió la renuncia. Tuve un enfrentamiento, que fue bastante público... 

¿Qué pasó? 
–Vino el ofrecimiento de Itaipú de Brasil para que 10 niños quemados del (supermercado) Ycuá Bolaños fueran al Hospital de Itaipú en Foz. Entonces, hice todo el trámite correspondiente y hasta pedí permiso a los militares para usar el avión de las FF.AA., que es el único que tiene terapia intensiva. Cuando regresé de Foz, el presidente me llamó al orden. Le dije: ¿Le parece que un avión de las FF.AA. puede salir sin la orden del Comando en Jefe? o sea él. “Usted me tiene que respetar”, me dijo. 

–¿La echó? 
–Salí. Yo no voy a cambiar mi manera de ser. Pero a veces me pregunto si en este país vale la pena todavía ser honesto, ser correcto, si después uno se queda sin trabajo.

Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Lunes, 15 de septiembre del 2008