Martes, 23 de Octubre de 2018

Experta recomienda un control implacable sobre el nuevo gobierno de Lugo

Gladys Benegas, phd en Desarrollo Económico y Social por la Universidad de Pittsburg, directora de postgrado de la Universidad Católica, efectúa en esta entrevista un sesudo análisis de la coyuntura económico-financiera actual, que heredará el nuevo gobierno de Fernando Lugo, y las recetas que en su opinión podrían aplicarse.

- ¿Qué se necesita para que este país despegue, del discurso a los hechos? 
- Para mí, competitividad es la palabra clave. Esto no es otra cosa que productividad. No es ser baratos, hay que aclarar. Estamos hablando de producir los mejores productos, con mucha innovación. Hay muchos casos en el mundo de países donde la innovación ha sido determinante. Hay que preguntarse por ejemplo, qué hizo que Nokia triunfe en Finlandia, o cómo hizo Japón, qué hizo Volvo. Tenemos que ver, analizar, salir de nuestra realidad para cambiarla.

– ¿Son parecidas las experiencias? 
– Son muy distintas. Estonia es un caso que a mí me fascina. 

– ¿Qué tiene? 
– Es uno de los países que más ha progresado desde la caída del Muro de Berlín. Tiene casi la misma cantidad de habitantes que Paraguay. 

– Los mismos años de libertad por lo menos, desde el 89... 
– Se basó en todo lo que es el desarrollo de Internet. Son estonios los que generaron el skype (se lee escaip, el teléfono vía Internet). Fueron dos jóvenes, de 32 años, que se hicieron de dinero vendiendo su sistema. Está el caso del País Vasco también. La ministra de Ciencias y Tecnología de España es del País Vasco. Es la región con mayor ingreso per cápita de toda España, casi similar a la de los países nórdicos. La apuesta a las ciencias y tecnología es innovación más que nada. 

– Cómo se compadece este tema de la competitividad en Paraguay, que trata de emerger de regímenes corruptos? 
–Una población que no está educada no puede contribuir al proceso de competitividad porque no tiene acceso a los conocimientos, a las herramientas. Estamos en un sistema donde la tecnología es cara, el Internet es un ejemplo. No paga bien. No premia, desperdicia los talentos. El resultado es falta de rendimiento. El concepto de competitividad abarca todo, hasta las interrelaciones... 

– ¿Se puede decir que comenzamos a ser competitivo en el tema de la carne? Vuelve a exportar a Europa... 
– Europa está autorizando a todo el mundo. Me parece más bien una autorización de tipo político, que se relaciona con la preocupación por la seguridad alimentaria mundial. 

– ¿Qué pasa con los alimentos, que es tema hasta de las cumbres de presidentes? 
– Comienza con el tema de los biocombustibles. Se producen dos situaciones. Estados Unidos deja de cultivar soja porque le conviene más producir maíz para fabricar etanol. Entonces, las tierras que estaban dedicadas a soja se destinan ahora a maíz. Al mismo tiempo, China decide que no va a producir más soja. Le conviene más comprar, porque requiere mucha agua, que le falta. Todo hace que haya una escasez en el mundo. Lo básico de la economía campesina es el aceite. Entonces, el aceite empieza a subir y la gente que en Asia frita su comida ya no tiene aceite para comer. El precio sube y entonces todos los comodities (materia prima) empiezan a subir. Falta arroz, faltan alimentos. Se produce inflación. Muchos países deciden no exportar más para satisfacer las necesidades de su población. Entonces, se reduce más todavía la producción de alimento. Y eso genera una escasez y una disparada de precios porque no hay todavía un sustituto cercano a la soja. Se va a tardar como 8 años en tener eso. El tema es delicado. 

– ¿Todo viene de la crisis del petróleo? 
– Con el aumento del precio del petróleo (hoy a casi 150 por cada barril), ya resulta rentable producir etanol. Estados Unidos cultiva maíz por su clima. Esto hace que suba el costo a las industrias dedicadas al maíz para alimento... 

– ¿La carne va a escasear a medida que aumenta la exportación? 
– Yo quisiera esperar que los precios de la carne no suban. En el corto plazo, en un año no va a cambiar mucho por todo el proceso de trazabilidad que requiere la exportación. O sea toda la inversión inicial (la identificación de los animales y la posibilidad de seguir el rastro de los productos desde la granja hasta la mesa del consumidor). 

– ¿Es posible una crisis como la argentina por el impuesto a la soja? 
– Ese impuesto siempre existió en la Argentina. Lo que sucede ahora es que aumentó a 47% más o menos... 

– ¿Los sojeros paraguayos tienen que pagar impuesto? 
– Tienen que pagar, sobre las ganancias que genera la exportación y generar un negocio como cualquier otro. Hay que analizar cuánto se le va a aplicar al gran exportador, al mediano y al pequeño. No sabemos quién es quien acá. La cancha no está delimitada. 

– ¿Un impuesto a la carne? 
– Si yo quiero colocar un impuesto a la exportación de carne, entonces automáticamente eso va a retraer parte del impuesto. La pregunta es: ¿cuánto más se va a destinar al mercado nacional si la mayoría de los frigoríficos vende más al mercado interno que a la exportación? 

– La cuestión es si en nuestro país no vamos a sufrir escasez por la exportación masiva... 
– Paraguay es productor de alimentos. En todo caso habrá que hacer un estudio de la cantidad que se destina al mercado interno y vigilar que no se especule y se opere más bien un abuso de poder que obligue a los consumidores a pagar más. 

– ¿Cuál es su expectativa hacia el nuevo gobierno? Tiene una imagen de excesivamente fiscalista. 
– En el 2003 (cuando Dionisio Borda fue nombrado ministro de Hacienda por primera vez), un criterio fiscalista era una necesidad dada la bancarrota del estado. 

– ¿Cuál es el desafío hoy? 
– En el área fiscal, establecer el impuesto a la renta personal, de tal forma que esta regresividad que tenemos con el IVA se revierta, porque en este momento, los que tienen menos están pagando más que los que tienen. 

– El único problema es que el impuesto no llega a los que tienen rentas malhabidas... 
– Con el impuesto a la renta personal los testaferros van a tener que pagar. Un problema va a ser desde ahora encontrar personas que quieran trabajar para el gobierno. 

– ¿Por qué? 
– Porque todos van a tener que declarar, justificar si tienen diferencias en su salario. No podrán esconder las ganancias malhabidas. 

– ¿Y los que esconden su dinero en el exterior? 
– Una vez que ellos quieran traer sus ingresos acá van a tener que tributar sobre eso. 

– ¿Meter impuestos aquí y allá no es contraproducente para un país pobre como este? 
– El hecho de que sea pobre no significa que no debe pagar. Siempre habrá ricos y pobres. Lo que debe haber es un impuesto a la renta en función a lo que cada uno va ganando y exigir que el estado brinde los servicios de educación, salud, seguridad, infraestructura. 

– ¿Qué tiene que hacer el gobierno, privatizar o no? 
– Yo creo que lo primero es establecer el sistema regulador. Lo claro acá es que el estado no sirve como tal a sus 6 millones de habitantes. Está preparado para beneficiar a los funcionarios y a sus amigos, disfrazados de empresarios privados. 

– Algunos coaligados de izquierda del nuevo gobierno dicen: “vamos a terminar con este gobierno neoliberal...” 
– De neoliberal no tiene nada. Es muy estatizado pero tampoco es estatal. El sistema actual actúa como cuello de botella para el desarrollo. No hace ni deja hacer. Ni es estatista ni capitalista. Es de los amigos. 

– ¿Un obispo honesto al frente puede ser una garantía de cambio? 
– Se trata de una estructura de gobierno de 61 años que se deja atrás. Anteriormente cambiaban las personas pero no cambiaba el modo de operar del sistema. Lo más cómodo y fácil es adaptarse. Los nuevos no tardarán tanto en conocer las mañas, pero ante el riesgo hay que imponer la transparencia con controles, monitoreo constante, implacable, denuncia de la población sobre la calidad de los servicios. 

– ¿Vamos rumbo al socialismo? 
– Tener la misma oportunidad de acceso a la salud, a la educación y al bienestar yo no diría que sea un valor del socialismo. Es un valor de todos. La cuestión es disminuir la brecha, la inequidad que existe entre el pobre y el rico. En los países nórdicos la diferencia se ha reducido bastante. Tienen impuestos del 50%. Tal vez el pobre tiene menos dinero para despilfarrar pero tiene acceso a vacaciones, a recreación. 

– ¿Cómo proceder en el asunto de la invasión de tierras? 
– Es un asunto que ya no se puede esconder bajo la alfombra. Las primeras investigaciones demuestran que se andaba vendiendo, regalando tierras a los parientes, amigos y protegidos. Yo no creo en las invasiones per sé, como un revanchismo ante una situación, por el hecho de que “él tiene y yo no tengo, y por eso le invado su tierra”. 

– ¿Cuál es la salida? 
– Yo conozco casos de gente que está en el Chaco, que quiere producir y que no puede comprar. Yo pregunto: ¿qué tiene de malo que el que no tiene tierra vaya a trabajar para otro que sí tiene? Lo discutible podría ser en todo caso su salario. Lo malo sería que le exploten, y ahí sí el estado debe actuar. 

– ¿El Estado no está obligado a darle una tierra propia? 
– La tierra es de quien la trabaja. ¿Para qué alguien querría una tierra si no sabe trabajarla o no puede hacerlo por iniciativa propia? ¿Acaso una persona, una familia no puede llevar una vida digna trabajando para alguien que le paga bien? El tema es si no se le paga bien y siente que está siendo oprimido.


Hugo Ruiz Olazar
Publicado en el Diario ABC Color
Domingo, 13 de julio del 2008