Martes, 23 de Octubre de 2018

Ni con la Triple Alianza, Brasil pudo apoderarse de los Saltos

Ni con la Guerra de la Triple Alianza, el Brasil pudo anexar los Saltos del Guairá a su territorio. Al contrario, reconoció que las Siete Caídas quedaban en territorio paraguayo. Recién en 1930, cuando el Paraguay se embarcaba a la guerra con Bolivia, el gigante vecino reabrió en forma oportunista la demarcación buscando consolidar y aumentar sus adquisiciones. La historiadora Beatriz González de Bosio continúa su relato –de la edición de ayer– basándose especialmente en los escritos de Efraím Cardozo.

– ¿No fue por la falta de límites que vino la Guerra? 
– Don Carlos se centró en el reconocimiento de la Independencia en 1811 hasta la firma del tratado Varela-Derqui con Argentina en 1852. Con esa firma se cerró el periódico El Paraguayo Independiente. Salieron 118 números... 

– Exclusivamente para defender la Independencia... 
– Claro, ese fue su rol. El periódico El Paraguayo Independiente fue la prensa oficial del estado que luchó por la independencia que (el gobernante argentino) Juan Manuel de Rosas no nos quería dar. Nos llamaban “la provincia rebelde” del Río de la Plata. Después del grito libertario, nuestros próceres propusieron un proyecto autonomista y Buenos Aires no se quedó tan feliz con eso. Intentó varias veces incorporarnos. 

– ¿Don Carlos consiguió que se reconociera la independencia, pero no los límites? 
– Yo no tengo conocimiento que se hayan fijado hitos concretos. Se firmaron tratados de comercio, navegación, pero el tema de límites, don Carlos postergó y, como todos saben, le dijo a su hijo (Francisco Solano), que no es una leyenda ni una cuestión así light, “trata de resolver con la pluma y no con la espada”. 

– Y así nos fue. Muchos revisionistas lo critican pero hay que ponerse en el cuero de un gobernante de aquella época, enjaulado entre dos imperios... 
– Argentina nos quería como provincia y Brasil como parte de su territorio. Don Carlos, personalmente, esgrimía en forma pacífica la tesis de la necesidad de reconocimiento de nuestra independencia por la Confederación Argentina y la libre navegabilidad de los ríos. Hubo una discusión en 1855-56 sobre los Saltos que demostró el buen derecho de posesión por ocupación del Paraguay, desde el momento mismo de su emancipación de España. Los voceros del Paraguay fueron Francisco Solano y José Berges. 

– ¿En qué terminó? 
– Hubo que confrontar una nueva tesis brasileña, “una obra maestra de sutileza“, como dice Efraím Cardozo, cuyo objetivo fue traer muy adentro del Paraguay los limites del Imperio. Pero quedó evidenciado, una vez más, que el Brasil no tenía ninguna posesión en los vastos territorios que pretendía, como el de los Saltos del Guairá. Más tarde, después de la Triple Alianza, con los tratados Machaín-Irigoyen con Argentina, Loizaga Cotegipe con Brasil, más tarde Moreno-Mangabeira y después Ibarra-Mangabeira, el Paraguay salva al menos los Saltos del cercenamiento de nuestro territorio. En las instrucciones que el imperio dio a sus propios demarcadores en 1872 apareció la confirmación de lo que estaba implícito en el tratado: “Todos los Saltos debían quedar en territorio exclusivo del Paraguay”.

– ¿En qué momento de la Guerra del Chaco, Brasil pretendió quedarse con los Saltos? 
– En 1930 reabrió la demarcación buscando consolidar y aumentar sus adquisiciones. Paralelamente favoreció la pretensión de Bolivia de asentar su territorio hasta el río Paraguay porque perdió su salida al mar en la guerra con Chile (1898). Dio un paso positivo en el mismo sentido mediante el tratado de Petrópolis, donde dispuso de territorios paraguayos para cederlos a Bolivia. Luego insistió en que Paraguay reconociera los derechos bolivianos, como dice Cardozo en sus publicaciones. A partir de los sesenta, los mapas brasileños generaron, como le dije, esas manifestaciones hostiles contra instituciones brasileñas como el Centro de Estudios Brasileños y la misma embajada, aquí en Asunción. 

– El público estuvo exaltado... 
– Eso es lo que le lleva a Cardozo a hacer una revisión. Estaban además esas operaciones (invasiones) brasileras con respecto a los Saltos que no satisfacían al público nacional. El conflicto fronterizo se ahogó con la decisión bilateral de hacerlos desaparecer, mediante la reubicación de una represa hidroeléctrica que en principio habría estado planeada para construirse en territorio brasileño. Este es el origen histórico del diferendo que culminó con la construcción de la represa de Itaipú. 

– ¿Y nadie se opuso a la destrucción de una belleza natural tan impresionante? 
– Hubo otros brillantes intelectuales que defendieron al Paraguay como el Ing. Agustín A. Muñoz, el capitán Jesús L. Blanco Sánchez, Arturo Bordón, Eduardo Amarilla Fretes, Marco Antonio Laconich, Benjamín Velilla, Cnel. Víctor Ayala Queirolo, Dr. J. Isidro Ramírez (padre del médico ex senador Carlos y del ex canciller Luis Ramírez Boettner). Se zanjó la diferencia, pero se perdió una cosa maravillosa de tan rica historia, que nace con la misma Provincia Gigante, con Alejo García en su fabuloso viaje desde el Atlántico hasta el Perú. Los Saltos y toda la zona aledaña estaban dentro de la soberanía española que alcanzaba hasta la famosa Línea de Tordesillas, pactada en 1494 para demarcar ambas jurisdicciones, la portuguesa y la española. 

– Los Saltos eran por lo visto una referencia para las expediciones desde el Atlántico... 
– Claro, porque las expediciones venían por barco primero hasta la isla de Santa Catarina y luego se internaban siguiendo la ruta de Alejo García. Era una ruta de los guaraníes. Como recuerda Efraím Cardozo, por allí pasaron hombres intrépidos como el segundo adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Ruy Díaz de Guzmán relató en sus escritos que una expedición desde Asunción de Domingo Martínez de Irala en 1552 inició la conquista y colonización permanente de esa región en los dominios del cacique Canendiyú, que entonces daba su nombre al portentoso accidente natural.

– ¿Esa película La Misión (Jeremy Irons) tiene que ver con esa historia de esa colonización? 
– Evidentemente se trata de la historia de la domesticación y colonización de los indígenas de ese lugar, que enfrentó las incursiones de los bandeirantes. Se retrata cómo ellos se iban mudando, migrando. La Villa Rica del Espíritu Santo fue migrando. Tuvo varios traslados. Se la llamaba la Ciudad Andariega, hasta llegar al Yvytyruzú donde está actualmente. 

– Y el departamento arrastró el nombre de aquel indio de la leyenda... 
– Exactamente. Los bandeirantes eran como piratas a los que no interesaba ocupar tierras sino secuestrar indios para venderlos como esclavos en las estancias del Mato Grosso. Arrasaban pueblos, quemaban Iglesias. Eran hombres sin ley ni conciencia. Eso es lo que muestra más o menos la película La Misión. Cuando diezmaron las poblaciones de la región se iban a otras, más al sur. Los jesuitas debieron cruzar el Paraná hacia lo que es hoy nuestro país para buscar refugio hasta llegar a la región de la actual Guairá. Los portugueses desconocían la existencia de los saltos. Ni en los mapas de sus cortes se mencionan. Ni el tratado de Permuta de 1750, por el cual se entregaron siete pueblos guaraníes a la derecha del Paraná y a la izquierda del río Uruguay... Es una larga historia. Después vino la Guerra Guaranítica. La invención portuguesa del Ygurei... 

– ¿Qué era? 
– Un río. Son todas toponimias guaraníes que salvaron nuestra pertenencia de los Saltos del Guaira. Dice Cardozo: “Si los bandeirantes poblaron de fantasmas las ruinas del Guaira, los diplomáticos lusitanos engendraron otros fantasmas: Los ríos inexistentes en la geografía pero adoptados como frontera en el Tratado de 1750.”

(Continuará...)

Hugo Ruiz Olazar

Publicado en el Diario ABC Color

Viernes, 16 de mayo del 2008